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HUMO DE ESTROPAJO

Hace más o menos un año fui a Praga, la ciudad de la bohemia, cuna de escritores como Kafka o Milan Kundera. Una arquitectura distinta y sorprendente. Los canales que cruzan la ciudad abarcan una buena parte de la candidez juvenil del ambiente checo. Aunque eso ya lo sabíais. Hasta aquí, nada más que aportar excepto que la marihuana resulta extremadamente cara. A niveles generales, cuanto más al norte, más suben los precios.

En casi cualquier ciudad es fácil encontrar algo con lo que colocarse, lo que sea. Basta con ir a una zona que esté concurrida y una vez huelas el ambiente cargado de gente pululando, empezarás a encontrarte con variopintos personajes que van a intentar venderte su mercancía. LO QUE SEA. Ten por seguro que lo que sea va a ser terrible. Es impensable que alguien que da tumbos por las principales avenidas con la pretensión de venderte la mejor hierba de la ciudad realice controles diarios de calidad. De lo que sabe esa gente es de márquetin. Es decir, de dinero. Cuando ven que cruzas la mirada con ellos se te echan encima cual perro de presa enrabiado para sonsacarte todo el efectivo que lleves en la cartera. Van directos al grano: Hierba? Esa es su entrada triunfal. Su siguiente paso es hablarte de las cualidades mágicas de su producto utilizando una combinación perfectamente calculada de aspavientos, arqueos de las cejas y sonrisas fingidas. Esa gente es capaz de venderte césped a precio de oro. O de tinta de impresora, que es aún más caro.

Su habilidad para vender consiste en convencerte de que ellos son los únicos camellos del mundo. Mochileros, estudiantes y algún que otro loco son víctimas cada día de la inflación que comporta la presencia del camello turístico. Obviamente tú no tienes contactos en la ciudad y te va a ser imposible encontrar una ganga similar. Al menos es lo que piensas antes de pagar sesenta euros por dos gramos del matojo más seco y áspero que hayas fumado jamás. Y con semillas. En mi barrio eso se paga con un navajazo, pero al estar fuera de la zona de confort te encuentras sometido a su voluntad incluso antes de que hayas decidido prestarle atención. El camello turístico sabe de antemano que tú estarás allí para gastarte el sueldo en su hierba de mierda. Porque el desconocimiento significa poder. El desconocimiento es la base de la opresión del camello. Pero algo superior se aprovecha del turismo y es la ilegalización de tal producto. Ámsterdam, por ejemplo, es una ciudad ampliamente conocida por permitir el consumo de dicha substancia, aunque los precios sigan estando por las nubes. Lo que resulta irónico es que gran parte de las mezclas y cepas que se venden provienen de plantaciones españolas. Así que, si vais de viaje para probar la hierba, no cojáis un vuelo, id hacia el sur. Allí la gente es más honesta.

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