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LOS VIAJES DE TINTÍN

¿Reporterismo o aventura?

 

Para much@s amantes del cómic, Tintín fue nuestro primer reportero de referencia. El intrépido aventurero, junto con su fiel perro Milú y el malhablado Capitán Haddock, nos llevó a viajar por el mundo y despertó en nosotr@s el espíritu de la aventura. Pero, ¿hasta qué punto es Tintín un reportero?

 

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Portada del álbum Tintín en el Congo, editorial Juventud, 1992

La obra de Hergé ha estado siempre ligada a la controversia sobre su representación del mundo, acusada a menudo de ser etnocéntrica, caricaturesca e incluso racista. La polémica más conocida es la del trato colonialista que el protagonista tiene con los africanos en el álbum Tintín en el Congo, que llevó al autor a redibujar este volumen e incluso fue llevado a juicio; pero no es la única y a menudo los álbumes de la serie muestran una versión caricaturesca de las culturas con las que Tintín entra en contacto. En ese sentido, no se puede considerar que se haga una representación muy reporterística… ¿pero acaso pretende hacerla?

Hay que decir que el sustrato de Tintín son los tópicos y no se molesta en ocultarlo, empezando por uno de sus protagonistas: el Capitán Haddock es la caricatura típica de los marineros, alcohólico, malhablado (con un toque muy personal, eso sí) y siempre dispuesto a meterse en una pelea. Y en las historias de Hergé, los personajes y las culturas suelen ser una versión folklórica de sí mismos: echando un vistazo a la colección, tal vez hoy en día Tintín no podría publicarse por promover estereotipos contra rusos, africanos, árabes, eslavos, griegos, nativos americanos, sudamericanos, japoneses, marineros, alcohólicos, científicos, gente de la tercera edad, cantantes de ópera…

Tintín beve de la caricatura (a veces de forma indefendible, ciertamente) porque pretende ser una caricatura. El tópico es algo con una base real que se caricaturiza y se establece como definitorio de un colectivo: está claro (al menos, así quiero pensarlo) que nadie se toma este cómic como algo serio. Y sin duda, en este sentido, Tintín no ejerce como reportero. Sus álbumes, como bien declara el título, son las aventuras de Tintín y tienen el objetivo básico de entretener y no de representar el mundo de forma fidedigna.

Sin embargo, pasadas sus primeras aventuras, el protagonista (y también su rudo pero bondadoso compañero Haddock) sí muestra algo propio del reportero: su voluntad de conectar con el otro. Hay un punto de inflexión en la vida de Hergé (y en consecuencia, la de Tintín) cuando en 1934 conoce a Zhang Chongren, un estudiante chino de la Universidad de Lovaina, con el que establecerá una amistad que le llevará a ser más consciente y respetuoso con las culturas que retrata (y que servirá de inspiración para el personaje de Tchang, que acompañará al protagonista en algunas de sus aventuras). La crítica de Tintín coincide en señalar que hay un punto de inflexión en el álbum El loto azul, a partir de la cual protagonista y autor adquieren una actitud mucho más empática y en defensa de los oprimidos.

Ciertamente las aventuras de Tintín no son reporterismo, pero llevan en sí algo esencial en el espíritu del reportero: la voluntad de conocer. Para much@s niñ@s, Tintín fue el primero que nos abrió una ventana al mundo y nos hizo querer conocerlo. Y también nos enseñó algo importante en la vida del reportero: ve con cuidado en dónde te metes, si no quieres despertarte drogado y maniatado en la bodega de unos contrabandistas.

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