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La musa del Montseny

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Su mirada reflejaba la luz de la montaña.
Su voz era el canto de las perdices.
Sus palabras olían a fresa1.
Todo eso él admiraba en ella y más aún.


Encontrarla no era tan sencillo.
Tras un viaje de tren hasta Aiguafreda2,
montaba en una mula y se metía en la maleza
rumbo a la cumbre de la Calma, donde vivía su musa.

 

Pero la maleza, para él, no era mala.
Representaba la bondad de la tierra,
que acoge a todos sin prejuicios.
¿Sería eso lo que buscaba cuando fue hasta ahí por primera vez?

¿Buscaba huir de una Barcelona ya entonces ajetreada3?
¿Buscaba la inspiración en la naturaleza?
¿O apenas un refugio dónde encontrarse con los amigos?
Como dijo:

 

<<A la sombra fresca de esa vieja encina,
sentados en el suelo sobre la hierba espesa,
aquí quisiera yo cerca de mí encontrarte,
amigo del alma.

Aquí, olvidando las mundanales miserias
que el corazón oxidan y antes de tiempo vuelven
blanca la testa,
solo hablaríamos del presente alegre>>4

 

Cuando Maragall iba a Montseny
sus días debían ser de hecho muy alegres.
Ahí él encontraba no sólo a sus amigos.

 

Encontraba pozos límpidos, piedras intocadas y otros paisajes.
Encontraba tritones, arbustos de tomillo y flores tiernas.
Encontraba vacas ciegas5, valles y otros puntos de vista.

Encontraba las experiencias en que basaba su idealismo.
E hizo todavía otros descubrimientos, como reveló:

 

<<Delante y al pie de las cimas
hay una casa abandonada
entre lo oscuro por la puerta abierta
y sólo encuentra el silencio
encogido por los rincones de las estancias,
y en medio del corral,
o al pie de las escaleras,
hasta en el hogar del fuego,
Dios mío! allí el silencio.>>6

 

Era la Pla de la Calma, dónde está la Figuera,
donde Maragall encontraba el silencio y se encontraba a sí mismo.
Lo que el poeta quizá no esperaba
era encontrar en esa casa a su musa.
Y nunca habría podido imaginar que ella fuera como era.
Una musa como nadie podría esperar.

 

Ella no era su esposa ni tampoco su amante.
No era Helena, María, Eulalia, Clara o Ana.
Y tampoco era Elvira7.
Era una musa así pequeña, es decir, una niña.

 

Se llamaba Dolores Grau i Casals.
Pero la decían Lola,
la Lola de la Figuera.
Una chica muy lista que vivía en aquella masía
donde se hizo el primer negocio de turismo rural catalán8.

 

Una chica catalana,
que había aprendido a escribir con su amigo Josep Pijoan
y pasó a cambiar cartas con Maragall.
Se hicieron amigos también.

 

No era sólo su musa.
Era una maestra de la inocencia.
Era el catalanismo en estado puro.
Era la palabra viva9.

 

Fue para Lola que Maragall escribió:

<<Aquellas flores que me diste
todo el camino hicieron olor
y así que llegué
en agua las puse
para darles más frescor.

Y aunque días y días
me han hecho recordar de ti,
de cuando en el huerto las cosechaba
de cuando pomas las adornaban
y de cuando las recogías.

Ahora las flores ya han pasado
pero el recuerdo ha permanecido
torno mío como un olor.
Y tú del gozo que me has dado,
¿te has acordado mucho?>>10

 

Por cierto, buenos recuerdos es lo que se gana hasta hoy
Al hacer la ruta del Montseny que hacía Maragall
Cuando iba a visitar a la Lola de la Figuera.

 

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REFERENCIAS E INFORMACIONES PRÁCTICAS:

 

1 – Referencias a la correspondencia que Joan Maragall mantenía con Dora Casals i Grau (Lola de la Figuera), en la cual escribe versos como:

<<Cuan la Lola á mí m’escriu
Sento ‘l cant de la perdiu
Veig la llum de las muntanyes>>

y

<<Per la Lola:
Al peu de las tevas lletras
Que fan olor de maduixas
M’hás pintat un maduïxí>>.
Cartas disponibles en la Memoria Digital de Catalunya

 

2 – Aún hoy se puede seguir las huellas del poeta, haciendo una ruta de senderismo hasta la masía de la Figuera, en la cumbre de la Calma (Montseny). Comenzando en Barcelona, se puede coger el ferrocarril (RENFE línea R3) hasta la estación de Sant Martí de Centelles. Desde ahí, pasando por el Puente de l’Abella (bajo la autovía C17) se llega a los antiguos pozos de hielo (Pous de Glaç de l’Avencó). Siguiendo las orillas de la Riera d’Avencó, se alcanza entonces la entrada del Parque Natural del Montseny. A partir de ahí hasta la Figuera, la distancia es de 5 a 8 km (a depender del camino que se hace) y el desnivel es de 508 metros (desde 431 hasta 939 m. de altitud). Hoy día también se puede recorrer el camino en coche, aunque, por cierto, la experiencia sea diferente en ese caso.

 

3 – Referencia a la Barcelona de principios del siglo XX, cuando Maragall hizo sus primeras visitas a Montseny. A finales del siglo anterior, la ciudad había anexado varias poblaciones limítrofes, expandiendo su área y su número de habitantes. Además, el siglo XX se inició con un ambiente de gran confrontación social, marcado por huelgas generales (como la de 1902) y por la Semana Trágica (1909).

 

4 – Traducción libre de un trozo del poema A un amic, de Joan Maragall

 

5 – Referencia al poema Vaca Ciega del mismo poeta.

 

6 – Traducción libre de un trozo del poema Del Montseny, de Joan Maragall

 

7 – Referencia a las hijas mujeres de Maragall con Clara Noble. Helena, María, Eulalia, Clara y Ana ya eran nacidas cuando Maragall conoció la Lola de la Figuera (cerca de 1902). Elvira nació después (1907). En total, Joan Maragall y Clara Noble tuvieron trece hijos.

 

8 – La Figuera no fue solamente el primer negocio de turismo rural de Cataluña sino de toda la península Ibérica.

 

9 – Referencia a la teoría de la palabra viva desarrollada por Maragall, que rechazaba la grandilocuencia y perseguía una naturalidad originada de la experiencia personal.

 

10 – Traducción libre del poema Per La Lola de La Figuera.

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