Menu

La nostalgia del estepicursor

Reflexión de un viajero precario

 

El sofá de mi casa no es algo material, no es un mueble en el que te puedas sentar. El sofá de mi casa es un espacio. Ha estado en tantas posiciones distintas del comedor que ha pasado a ser un concepto. La zona del sofá, que son todas. Lo que siempre hemos tenido claro es que en frente del sofá va la televisión. No sé si podría llamársele feng shui occidental. Da igual, el caso es que, cuando era niño, en esa televisión siempre había películas, a la hora que fuese. Las únicas películas de adultos que podía ver eran westerns, en los que se daban de tiros y pegaban piruetas y montaban a caballo y todo eran traiciones y giros argumentales.

Recuerdo un momento curioso de cuando tenía doce años. Siempre había querido ir a América para ver esas montañas. Esos paisajes. Cowboys pegándose tiros. Buenos, feos y malos. Bueno, eso último quizás dejémoslo estar. No esperaba que fuera a sonar tan brusco. El hecho es que quería irme a América y empecé a ahorrar, claro que con doce años no ahorras ni para una consola, a no ser que montes timbas ilegales en tus horas del recreo. O cortes céspedes. Eso sería más probable y americano. No podía dejar de pensar en América y en su país diseñado para el cine. Claro que lo que ignoraba por aquél entonces es que la mitad de westerns se habían rodado en países como España o Italia. Los denominados spaghetti westerns. Mis favoritos eran los de Sergio Leone. Habré visto Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía un precio (1965) unas cien veces, y se grabó a unas nueve horas de Centelles, donde yo vivo, una hora al norte de Barcelona. Comparado con la distancia que hay hasta Hollywood, está a un tiro de revólver.

Me quedé atónito el día que mi padre me lo dijo, que eso está ahí, relativamente al lado de casa. Y yo queriéndome pagar un avión hasta Hollywood. El desierto de Tabernas, en la Provincia de Almería, a ocho horas y treinta y dos minutos si no haces pausas, según el Google Maps. Pero tienes que hacer pausas. Siento la boca seca solo de imaginármelo: bajar del coche; dos pistolas, ocho balas. La nube del desierto en primer plano. Porque nunca falla, el estepicursor ha sido llevado a la gloria del western por todos los directores del género.Desde ese día, sueño con ir a ese desierto a pasar calor, a tragar arena. Quiero darme de tiros con gente que lleve pañuelos para tapar su cara quemada, a la salida de un bar, por algún ajuste de cuentas pendiente, y que un pueblo nos mire fijamente mientras los estepicursores botan en el suelo como pelotas de paja deshinchadas. Los estepicursores son mi infancia.

Venid conmigo a Almería a ver estepicursores, porfi.

Etiquetas: , , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *